Parte del secreto consiste en...
...permanecer atento. Eso es básico, aún así, antes de llegar a este punto uno debe admitir, si así lo siente, que uno mismo es el único responsable de restablecer la paz, la serenidad de ánimo y de mente o de permitirse perderla.
Ahí empieza la práctica de uno de los doce pasos que podríamos describir de la siguiente manera, Reconocemos que nos hallábamos impotentes ante nuestra pérdida de paz y serenidad y que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables.
Naturalmente este enunciado vivido hasta el tuétano acaba con una de las defensas más usadas y que nos ha convertido en víctimas de las circunstancias, las personas, los hechos...LA PROYECCION. O dicho de otra manera la adjudicación a esas circunstancias, personas o hechos de la responsabilidad de nuestro estado de ánimo, convirtiéndolos en un poder superior a nosotros.
Al llegar a este punto, podremos dar un paso más: Reconocimos que sólo un poder superior a nosotros podría devolvernos el sano juicio. En este paso ponemos nuestra confianza en algo superior para que nos nos retorne la serenidad y la paz que son atributos de un juicio sano. Es una contradicción que busquemos el sano juició en aquello que ha contribuido a que lo perdiéramos, aunque sólo sea por instantes. Por lo tanto deberemos establecer que ese poder superior tiene que ser algo que nos supere pero que nos devuelva la paz. Cada uno deberá encontrar de qué se trata ese poder.
Estado de SERENIDAD el Diccionario de la Lengua Española define en su primera acepción como: claro, despejado de nubes o nieblas; y en su segunda: Apacible, sosegado, sin turbación física o moral.
El tercer paso dice que: Decidimos poner nuestras vidas y voluntades en manos de Dios tal como cada uno lo conciba. Comentaré este paso en un futuro artículo y en la medida en que pueda hacerlo desde la vivencia y no tanto desde la teoría.

